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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Escapadas nocturnas (mis años mozos I)

Escapadas nocturnas (mis años mozos I)

La noche se planteaba bien. Solas en casa de una amiga, 16 desbordantes años de "quiero-saber-de-todo-y-como-ya-soy-muy-mayor-puedo-hacer-lo-que-me-de-la-gana" (eso sí,quenoseenterenmispadres), la feria del pueblo de al lado (famosas en toda la comunidad), y un mueble bar repletito.

La anfitriona de la casa, llegó una hora y media tarde, con el otro 25 por ciento de la congregación en un estado semejante al de un Hooligan en Mallorca. Se disculpó amablemente, entre los gritos de "¡miraaaaaaaaaaa me he potado toda la bota nueva!" de su acompañante.

Voy a ahorrarme los preliminares, ya los contaré en otro momento. A mitad de la noche, alguien propuso escuchar una psicofonía. Y yo, que había aguantado el tirón del chupito de Jack Daniels con cara de "tomo whisky todos los días para desayunar", empalidecí. Despues de asegurarme una y mil veces que aquello no daba miedo (Es una chorrada estúpida, se sabe que todo fue un monataje, trae la fregona que he vuelto a vomitar), nos encerramos en el dormitorio, nos sentamos en la cama y alguien le dió al botón de play. Lo siguiente que recuerdo es que tenía la cabeza debajo de la almohada, y cantaba a voz en grito "B-I-N-G-O que se llamaba Biiiiingoooooooo". Cuando mis amigas consiguieron tranquilizarme, volvimos a salir al salón. Entonces escuchamos un estruendo en el portal. Sonó como si una bombona de butano hubiera caido rodando por las escaleras.

El 75 por cierto de la reunión amistosa iba bastante afectada por nuestro amigo Jack y su compañera María, así la peregrinación a la puerta para mirar por la mirilla, fue un tanto esperpéntica. Allí, la dueña de la casa pegó la nariz a la puerta y luego la ví marchar a la cocina farfullando algo así como "jodido yonki, cagonsumadre, verastúahora" Y cuando reapareció llevaba un cuchillo carnicero en la mano.

Y entonces cundió el pánico. Yo me refugié detrás de la pared del pasillo y solo podía decir "Suelta el cuchillo, por favor, antes de nada suelta el cuchillo". Amiga número dos dando tumbos marcha a la cocina y viene armada con el cuchillo del pan "y las tijeras del pejcao porque no había otra cosa". Amiga número tres, mirando la puerta divertida y habiendo abandonado sus botas en la cocina, se lanza contra la puerta a la voz de "hooooola yonki, ¿Cómo estás?". Rugido de amiga número uno "¡A ese joputa lo rajo!", cling-clong-clang de tijeras de "pejcao" y cuchillo del pan de amiga número dos que se queda paralizada, y mi persona lanzada en plan supermán contra la puerta, justo a tiempo para cerrarla y atrancar con dos cerrojos y la cadena.

Después de este ataque de pánico, observamos mejor, y descubrimos que el supuesto yonki era una anciana vecina, que estaba limpiando la escalera (a las cuatro y media de la mañana) con un trapo y con los pies. Mi teoría de que su hijo había llegado completamente colocado, y la señora enfadada y en un arranque, le había arreado con la bombona de butano, se lo había cargado y ahora limpiaba la sangre, no hizo nada de gracia, pero yo, una vez guardados cuchillos y objetos punzantes, tenía ganas de juerga. Observé la cara de mi amiga número uno, estaba seria y pensativa de pronto, se levantó y poniendo su cara a dos centímetros de la mía me gritó "¡PERO NO TE DAS CUENTA QUE SI SE LLEGA A ABRIR LA PUERTA, TAL Y COMO ESTABA YO, RAJO A LA VIEJA DE ARRIBA ABAJO!". Entonces empalidecí y me callé, pero ella añadió "IMAGINATE SI MI PADRE SE ENTERA DE QUE NOS HEMOS FUMADO SU MARIHUANA!"

I left my umbrella at home

I left my umbrella at home

Un día dijo basta, y decidió olvidar.
Primero de todo olvidó los malos ratos. Aquellos minutos interminables en los que la angustia se apoderaba de ella y la habitación se hacía demasiado grande y ella demasiado pequeña. Luego olvidó las regañinas y los enfados. Los gritos, las palabras más altas que otras, los insultos arrojados a la cara como un jarro de agua fría o lanzados por la espalda, calientes como un hierro al rojo. Más tarde se deshizo de las bofetadas, de los momentos tristes, de las decepciones y desilusiones todo de una vez. Pero no tenía bastante, así que decidió olvidar también los momentos de dolor físico. Y como aún le parecia poco, de un plumazo olvidó las lágrimas y los nervios que se agarrotaban en el estómago y en la voz. Frenética comenzó a olvidarse también de la desorientación, las frases de ánimo y también de las de compasión. Le siguieron las confesiones y las carcajadas, pero luego se animó y también desterro las risas y las sonrisas. Las bajadas de ojos, las caricias, los abrazos, los saludos y las despedidas. Se olvidó de los amaneceres, de los atardeceres y de los crepúsculos. De las canciones y de los gritos, de los susurros, de los gemidos. Al final se olvidó también de los secretos inconfesables y de los inconfesados. Y cuando se olvidó de los besos robados, nunca más se volvió a levantar.

Anhelos.

Anhelos.

En mi imaginación es otoño.
Es otoño y yo llevo un abrigo marrón de paño, bufanda y guantes. Camino por la calle llena de hojas secas, de una ciudad bonita, silenciosa, y llena de gente que pasea sin importarle el viento que comienza a soplar. Llamo a una puerta y me recibe una sonrisa. Y en una habitación casi sin iluminar, nos apiñamos un grupo de personas, que fumamos, charlamos, reímos y escuchamos la música procedente de un aparato entorno al cual todos estamos sentados. De vez en cuando, nos callamos y el silencio se llena solamente con acordes. Algunos cerramos los ojos, otros miran por la ventana. Si alguien saca un libro, se abre por cualquier página y se leen las palabras, y quedan suspendidas entre nosotros y las notas arrancadas de una guitarra, o de un piano, o de un tambor. Cuando hace frío, nos arropamos unos a otros, con mantas y abrazos. Y cuando la botella, llena de un licor que embriaga pero no emborracha, se acaba, Regresamos paseando, escuchando nuestras pisadas en las aceras húmedas por la leve lluvia que ha caído.
Pero sólo en mi imaginación.

Dedicado II.

Dedicado II.

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Dedicado.

Dedicado.

El siguiente artículo (es decir, justo el de aquí arriba) va dedicado a todos esos que dicen que lo que escribo es muy largo. Hala majetes, a disfrutarlo bien. Un beso.

Bombones en agosto.

Bombones en agosto.

Mis horrorizados ojos contemplan una enorme figura de chocolate a imagen y semejanza de Elton John. (Por favor, ¿no habíamos quedado en que los contenidos obscenos y de mal gusto se dejarían para fuera del horario infantil?). Mi ascendente masculino directo, que se encontraba en un estado de semi-inconsciencia siestil, despierta de pronto y comienza a contarme una batallita. Normalmente es la parte femenina de la casa la que narra aventuras y desventuras, mientras la parte masculina ameniza la velada con ronquidos, así que muy interesada me he propuesto escucharle.

El pueblo de mi ascendencia masculina directa, es pequeñito, medio despoblado, y sólo lo he visitado cuatro veces. En una ocasión, se obsequió a la iglesia con un cristo tallado en chocolate, con motivo de la celebración de la virgen de agosto. Esta novedad, animó a la totalidad de los habitantes, y muy felices, pidieron por votación popular que se bendijera al místico bombón durante la misa del día de la gran fiesta. El cura accedió complacido y colocó a Jesus-sweet-Christ en una capilla de la pequeña ermita.

El día 15 de agosto, los feligreses y feligresas lucían sus mejores galas, los niños habían sido peinados con raya en medio y las niñas enseñaban orgullosas sus calcetines calados, cuajados de lacitos y encajes. Después de la misa tradicional, el curo se giró y le pidió al sacristan que le acercará el cristo de chocolate y el agua bendita para proceder a su bendición. Cuando el sacristán se acercó a la capilla, la figura había sucumbido a los calores de agosto en tierras manchegas, y ocupaba su lugar una masa informe de color marrón. Sin saber que hacer, y temiéndo que la ira del cura recayera sobre su persona, el sacristán se giró y en un tono de voz lo suficientemente alto para probar su inocencia dijo:

"Señor Cura, el cristo se ha cagao y se ha ido".

Usted tiene ojos de mujer fatal.

Usted tiene ojos de mujer fatal.

Situémonos en un sábado cualquiera de un verano cualquiera, de hace algunos años. Como durante ese año vino siendo habitual, los sábados los dedicaba a salir con un amigo mío en compañía de todo su grupo de amistades. El lugar elegido para estos sábados nocturnos era el barrio de Chueca en Madrid, barrio del cual conocían hasta los más esconididos rincones. Sabían, por ejemplo, que para entrar en el local de moda sin pagar la entrada (lo que equivalía a no poder beber nada porque te quedabas sin un riñón), había que buscar al relaciones públicas. Un chico cubano, bien parecido, que con una amplia sonrisa, acogía a nuestro grupo como una gran gallina clueca y no sólo nos dejaba pasar gratis y sin esperar colas, sino que además, nos invitaba siempre a tomar algo. Supongo que le gustaba la forma en la que mi amigo y su camarilla animaban el sitio. Una noche de tantas, mientras miraba con envidia los estupendos movimientos de cadera que realizaba mi amigo al bailar, noté como desde la lejanía, un chico clavaba sus ojos en mí. Al principio, miré hacia los lados, pues no estoy acostumbrada a que chicos tan guapos (bueno, ni guapos, ni feos, reconozcámoslo) me miren con tanto descaro. Era alto, con un pelo rubio digno de un anuncio de champú, los ojos rasgados, y se apollaba distraidamente en la barra, mientras sujetaba su copa y me miraba con curiosidad sin ningún disimulo. Sin saber muy bien qué hacer, bajé la mirada y me puse a charlar con alguien. Al rato giré la cabeza, y me lo encontré bastante cerca, riendo con un grupo de chicos y chicas, todos ellos y ellas fantásticos y fantásticas, tanto que parecían salidos y salidas de un anuncio de cocacola. Sus ojos se volvieron a encontrar con los míos y yo bajé la cabeza azorada. Él sonrió y tímidamente le devolví la sonrisa. (¡sí, estaba flirteando, aunque ni yo misma me lo creía del todo!). Animada porque me daba cuenta que ésto del tonteo al fín y al cabo no era tan dificil, comencé a retorcerme al ritmo de la música más hortera que había escuchado nunca. Entonces una de las chicas pertenecientes al grupo de mi amigo me dijo que si me iba al baño con ella. Le dije que sí, porque en ese bar, sorprendentemente, el baño de chicas siempre estaba vacío, así que no me dio ninguna pereza acompañarla. Caminaba distraida, cuando alguien se interpuso en mi camino. Levanté la vista y me econtré con su sonrisa profident, su cuerpo danone y su melena timotey. Me temblaban las piernas de emoción. "No me puedo creer que esté ligando" pensaba yo para mí misma. Entonces con su masculina y melodiosa voz me dijo: "Hola, ¿te puedo hacer una pregunta?". Sonreí (con esa sonrisa que siempre había ensayado en el espejo pero que nunca habia tenido la oportunidad de poner en práctica) e intentando poner mujer de voz fatal, le dije "sí, por supuesto". Entonces, sus maravillosas cejas se arquearon y me dijo: "Tú....¿Eres un tío o una tía?". Sería demasiado patético describir lo que en ese momento sentí. Sólo diré que le contesté con "una chica, claro", y me marché al baño. Ah, y que me ha costado muchos años el atreverme a pintarme los ojos de nuevo.

Y de pronto....

Y de pronto....

Los sentimientos olvidados, crean la misma sensación que una visita pesada. Un día llaman a tu puerta, y tú te asomas por la mirilla. Dan ganas, lo reconozco, de quedarse muy callada y esperar hasta que se marche, pero en cambio le abres la puerta y le dices "vaya,¡cuánto tiempo sin verte!, pasa, pasa". Y entonces el sentimiento olvidado, se instala cómodamente en tu vida de nuevo.
Ahí es cuando empieza de nuevo nuestra agonía "¿vendrá para unos días o piensa quedarse un tiempo?", o lo que es peor, "¿piensa instalarse aquí para siempre?". Así pasan los días, y te lo cruzas por los pasillos. Sonríes y saludas amablemente, aunque te dan ganas de empujarle balcón abajo cuando se asoma a fisgonear. Consume todos tus recursos, no te deja pensar en otra cosa, y tienes un estado de nervios tal, que ladras cada vez que alguien te hace preguntas de la vida cotidiana, como "¿quieres el café con hielo o con leche?" o "¿Te acuerdas en qué siglo se llevó a cabo la guerra de los teatros en Inglaterra?". Afortunadamente, después de un tiempo se marcha. Te despides de él aliviada, agitando la mano. Y es entonces cuando te encuentras a tí misma, echándolo de menos....

Trying in English.

Trying in English.

Could I write it in English? I wonder it every night.
Could I? Should I?...maybe I could...
But my teachers say "no, you can't" "Your English is a mess!"
And I say..."hey...why is it a mess? It is not your English, it is my English"
It is the same excuse I tell my parents when we talk about my bedroom "It is my bedroom, not yours...Don't tell me where I have to place my shoes!". It doesen't work with my parents...I suspect it won't work with my teachers....

Cambio de estación inminente...¡sálvese quien pueda!

Cambio de estación inminente...¡sálvese quien pueda!

El verano está a la vuelta de la esquina y hay dos razones de peso por lo que lo se. La primera de todas, la más importante y la que nunca falla, son las cucarachas. Hace dos noches lancé mi primer grito anual de "¡cucaracha!" y sospecho que será el primero de muchos. Esos seres negros, brillantes, sigilosos, este año han crecido tanto que dan ganas de tirarles un palo a ver si van a por él y te lo devuelven. Un consejo para los que no sean gustosos de tener amistades cucarachiles. Si alguna vez veis a alguna delante de vosotros, esquivadla, dad un rodeo. Ni se os ocurra pensar que sois más grandes que ella (Recordad que el tamaño no importa) y seguid vuestro camino. Si la cucaracha (cuca para los amigos) nota vuestro avance, cambiará su rumbo cualquiera que sea y se abalanzará con una velocidad digna de un guepardo hacia vuestro pie. Si no saltais a tiempo (algo que la que suscribe se vió obligada a hacer la noche de autos, haciendo creer al vecindario que me he aficionado a la jota) posiblemente la cuca se dedicará a subir y a bajar de vuestro pie como si se tratara de un puente o algo similar. La sensación es horrible y no se la recomiendo a nadie. Palabra de la futura presidenta del "club de amigos de cruz verde"

La otra razón es la aparición en las calles de una especie que solo sale en la estación estival. Son mamíferos y se mueven en grupos, nunca van solos. Suelen portar un estridente aparato de música y una voz con la cualidad de taladrar hasta el tímpano más resistente. Comen pipas frenéticamente mientras comentan sus vidas al resto del universo, y cuando la estación se encuentra más avanzada, es normal observarlos lanzanse cualquier líquido. Habeis acertado. Es el quinceañero veraniego. (la versión dieciochesca, con coche tuneado para otro día si no os importa. Con hablar de cucarachas una vez hoy es suficiente)...¡Feliz verano!

AAAAAAAAAAAAAAARHG!

Grito desesperado ante estos últimos días sin descanso. Recta final hacia el verano con todo lo que ello implica. Por ahora creo que con lo que llevo escrito se podrían salvar como unos diez bosques si no lo imprimera (que horrible sensación). Respecto al paraguas transilvano, creo que tengo un ganador. Muchas gracias por todo, en breve pondré el elegido en portada.

Resumiendo en plan telegrama. Diccionario de inglés-stop-diccionario de alemán-stop-harry potter-stop-diccionario de francés-stop-RAE-stop-el señor de los anillos-stop-italiano y catalán-stop-Jaques Tati-stop-1 de junio y yo sin abono-stop-ingléscastellanoalemánitalianocatalánfrancés-stop-más señor de los anillos-stop-tienda de té (qué bien huele, que bien sabe)-stop-el mate uruguallo tiene menos palo que el mate argentino-stop-excel(horror)-stop-metro y casa-stop-mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.

De mis responsabilidades.

De mis responsabilidades.

El ecosistema de pelusas que hay bajo mi cama, se está empezando a rebelar. La última ha sido sindicarse y crear una asociadión de vecinos. Me piden zonas verdes, piscina municipal y boca de metro. Como no haga algo, me huelo que van a empezar a manifestarse por toda la casa. ¡Quién me mandaría meterme en política!

Inquilinos de verano.

Inquilinos de verano.

Es un fantástico mundo el de los okupas veraniegos. Desde hace tres veranos, son cinco los que se instalan tranquilamente en los techos de mi casa. Dos de ellos son viejos conocidos. Dos bichejos de color verde limón, de estilizadas y delicadas alas y medio centímetro de largo. Caminan despacito, dando pequeños vuelos cortos posándose delicadamente sin ruido de nuevo en el techo. Este año, uno de ellos se ha adelantado. Será la avanzadilla, porque el pasado verano, llegó a haber overboking en los altillos de mi casa. El resto de la plantilla lo forman una polilla gorda y despistada que intenta desesperadamente romperme la lámpara...no puedo quejarme, su gusto estético demuestra ser mucho más refinado que el de mis padres. La acompaña un insecto alado indefinido de color oscuro. Es el más tímido de la plantilla, pocas veces sale a saludarme. El quinto fue una visita fugaz que no ha vuelto a repetirse. Creo que se marchó ofendido por el modo en el que le pedí gentilmente que se fuera. Estando yo felizmente reposando en el sofá, mientras enrojecía mis ojos con una película lacrimógena de madrugada, escuché el zumbido de lo que podía haber sido perfectamente un montacargas pidiendo atención. Al ver una sombra en la pared y escuchar el sonido metálico de mi lámpara al chocar contra algo, me imaginé que la polilla habría ganado peso durante el invierno. Pero al levantar la vista lo que ví fue un espectáculo maravilloso. Un murciélago de unas dimensiones bastante generosas daba vueltas y vueltas alrededor de las dos únicas luces que quedan con vida en los horribles brazos de la lámpara metálica. "¡Ah no!" me dije a mí misma "¡mamíferos de ningún tipo, tengan alas o no!" así que cerré la puerta del comedor para que no se instalara cómodamente en ningún otro rincón de la casa. Luego me dí cuenta por su comportamiento que probablemente tuviera un importante transtorno de personalidad y se creyera polilla. Pensaría que el mejor modo de ser aceptado entre los demás insectos, sin que éstos desconfiaran y temieran por su vida, era alojarse en una casa de tan buena reputación como la mía. Así que intenté dialogar con él, amablemente. Pero no parecía escucharme. Tenía el mismo empeño que mi inquilina la polilla: acabar con mi lámpara de techo, aunque obviamente el murciélago amenazaba con conseguirlo...y supongo que a mis padres no les valdría como excusa "un murciélago esquizofrénico se ha cargado la lámpara" y sospecharían de mí. Busqué a la polilla para que me ayudara, pero habiendo reconocido a un depredador natural, se había recluído entre mis trofeos de voleibol y demás figuritas de bodas y recuerdos de la geografía mundial. Así que no me quedó otro remedio. Tengo que velar por el buen nombre de mi casa. Y admitir un murciélago entre mis inquilinos no colaboraría a ello. Cogí el cepillo de barrer y lo expulsé de mi comedor, no sin que antes tirara al suelo y rompiera en mil pedazos una escalofriante figura de porcelana en forma de borreguito. Si vuelve por aquí algún día, le daré las gracias por ello.

Día de estreno.

Día de estreno.

Estreno atuendo (look para los que seais muy chic) , y bien molón. Nunca soñé con tener este aspecto tan maravilloso, ahora puedo perder de verdad a mi dueña por cualquier vagón de metro. No la necesito, pues la gente sólo tendrá ojitos para mí...Presumida que es una....

Santo Cielo ¡ mi paraguas ha desaparecido!

Menuda faena, sin cara que mostrar...y ahora...¿de dónde saco yo un paraguas que case con mi personalidad extravagantesca, dubidativa, extrover-asocial y sensiblera??? Por favor, que alguien me ayude...SE ABRE EL CERTAMEN "EL PARAGÜAS TRANSILVANO".... Envíen sus sugerencias a atalaya(arroba)gawab.com...El ganador se verá recompensado con ver su aportación en la portada....(es que estoy muuuuy mal de cuartos, así que no me da para medallas). Si se os ocurre algún premio que esté a mi alcance (y no pidáis cosas sucias a esta chica formal y recatada) tambíen se admiten sugerencias.

Propósito o Despropósito.

Lista de cosas a añadir en mi blog para que la gente lo lea y me deje sus comentarios;

1. Poner muchos tacos, sobre todo "cojones", es el que más he leído por ahí.
2. Hablar de sexo todo lo que pueda y más aún.
3. Poner a caldo a mis amigos, famiiares, conocidos y desconocidos. Y si puedo, también a algún personaje popular (los de gran hermano y eso)
4. Hacer listas...es un recurso muy popular. Mira, eso ya lo estoy cumpliendo.
5. Hacer contínuas referencias a lo culta y maravillosa que soy. Y que la gente se asombre, cuando vean que pese a eso, soy capaz de bajar de las alturas a escribir cosas como "cojones".
6. De vez en cuando, concederme una extravangancia, como recitar un poema sobre primaveras y pájaros. Y si me quedan fuerzas, sobre las flores.
7. El número siete, admite sugerencias.
8. El número ocho , admite sugerencias.
9. El número nueve, admite sugerencias.
10.Decidirme a hacer todo esto algún día.

Ellos.

Ellos.

Milagrosamente aguantaban el equilibrio de su propio cuerpo en las escaleras mecánicas. Ocupaban las dos filas y se notaba que eso molestaba al resto de viajeros, pero nadie decía nada. Allí estaban, muy juntitos, con la mirada perdida y hablando demasiado alto. La coleta en la que ella llevaba recogido el pelo, dejaba escapar algunos mechones, que nerviosamente se metía detrás de las orejas, para que acto seguido se volvieran a escapar. Sus manos tenían las uñas mordidas, y eran muy delgadas, como garfios. Sujetaban un cigarrillo entre los dedos con la destreza del que lleva fumando mucho tiempo. Una vida entera pegada a un cigarrillo. Llevaba un bolso grande, sucio, roído, y parecía pesar demasiado para la fragilidad de su cuerpo. Él vestía, como ella, un chándal. Un chándal que dejaba asomar unos calcetines que se mantenían abrazados alrededor de un tobillo hinchado, agotado de caminar. Sus zapatillas, de esas del "todo a cinco euros", de esas del montón, se arrastraban renqueantes e inseguras a las órdenes de unos pies que parecían tener vida propia y estar cansados de ella. Algo discutían y a su alrededor se había creado un espacio vacío del que parecían no percatarse. Se reñían el uno al otro, miraban a los lados, sacudían la cabeza y cuando sus miradas se encontraban, volvían a reñirse. Sus voces tenían el tono monótono y arrastrado en el que coinciden todos aquellos que han sido y siguen siendo esclavos de la heroína. Si hubiera prestado atención, el resto de mundo hubiera escuchado alguna palabra cariñosa entre las reprimendas que uno a otro se dedicaban. Pero el mundo no prestaba atención, solo miraban con espanto y desconfianza. De arriba a abajo, desde el agujero de la zapatilla en la punta del pie, hasta la flor roja del coletero. Cuando el interminable camino de las escaleras mecánicas terminó, se pararon un instante. Escuché un "no" y un "pues me voy". Me asombré al ver el paso decicido de la mujer avanzando con una dignidad que no esperas en ese cuerpo. Atravesó el hall y alcanzó la puerta de salida. Él, quedó parado, como perdido. Dió media vuelta y sus ojos chocaron con los míos por unos instantes, pero sospecho que nisiquera los miró. Volvió a girar y la buscó entre la multitud. Su voz se quebró en un "espera" y un "perdóname" quedó flotando a mi lado mientras lo veía correr, con zancadas largas y temblorosas, con todo su cuerpo inclinado hacia adelante, intentando cortar el viento, intentando ser más veloz, maldiciendo por notar que sus movimientos se llevaban a cabo a cámara lenta. Un pasillo se abrío a ambos lados de su carrera. Tenía espacio libre para ir más deprisa y alcanzarla. Creo que se me nubló la vista, y tuve que bajar la cabeza. Todavía me emociono al recordar la ternura con la que sus ojos pugnaban por una solución y buscaban un coletero rojo entre la multitud. Los he vuelto a ver sólo una vez. Abrazados, riéndose, ella agarrada al cigarrillo, él agarrado a su cintura. Pasean por cuatro caminos como dos enamorados más. Dos enamorados a la que la gente les deja paso libre. Aunque no lo hicieran, no importaría. Ellos no nos ven. Sólo se ven el uno al otro.

La voz de la razón.

"Tú blog no es gracioso" - puñalada- "k tienes con.... los arboles, y el viento??" - sorpresa y repuesta "podría-hablar-de-las-voces-que-dan-los-del-bar-pero-no-quedaría-igual"- "hombre no kedaria tan bohemio"-puntilla- "yo estaba buscando algo asi, no tanto arbol y viento, y el ruido de las hojas del arbol cuando les da el viento" -remate-. No me han cortado las orejas, pero poco ha faltado. El rabo no podrían cortármelo. Es un alivio.

De olores y recuerdos....

De olores y recuerdos....

Un domingo como otro cualquiera. Sin demasiados planes. Un domingo cansado. Y alguen propone ir a patinar. Nos alejamos unos kilómetros para encontrar un pabellón de hielo que nos guste. Y al entrar, mochila al hombro, siento como me da un vuelvo el estómago. ¿Acaso estoy nerviosa por patinar? ¿Me preocupa que mi pies no quepan ya en mis patines?...Pero he comprendido enseguida. El olor del hielo me ha puesto nerviosa. Era la misma sensación que me provocaba a los 14 años, cuando pasaba tardes enteras en una pista de patinaje sobre hielo, riendo, hablando, llorando, contando...en fín, creciendo. Curioso sitio para crecer. Curioso sitio para comenzar a sentir esas cosas que se sienten a los 14 años. Muchas emociones, o quizá lo que a mí entonces me parecían emociones, acompañadas por el olor característico y metálico del hielo consegido a base de mucha agua y gas natural. Lo mejor ha sido al mirar a mi alrededor. Y al ver las caras que se deslizaban a mi lado, igual que antaño, exactamente igual que en aquellas tardes, he comprendido porqué el olor del hielo es para mí algo especial.

Dentro del círculo.

Ya he dado de alta mi blog en el directorio de bitacoras.com.

¡Que ilusión! Mis palabras expuestas a millones de personas... Aún así de todos esos millones de personas, todavía nadie lo ha leido....En fín me resignaré a tener un pequeño (pero selecto) grupo de lectores....