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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

El Baúl.

El texto de ayer.

El texto de ayer. Ésto iba a ser un pequeño texto sobre la mañana de hace dos días. Iba a hablar de como me gustó escuchar el sonido de las gotas disolverse en el suelo caliente, el placer que sentí al oler un viento cargado de agua y de cómo lo dejé juguetear un poco con mi pelo. De la luz azul, calmada, sosegada, que como una elegante dama entraba en mi casa sin ninguna estridencia, casi, casi, como en un susurro. Este texto iba a hablar sobre mi primer día de otoño. Mi otoño del mes de agosto. Pero llegué tarde. Y la mañana de hoy tiene tanto que contar, que prefiero contar la anterior. La de hoy, si me lo permitís, me la guardo para mí.

El texto de ayer.

El texto de ayer. Ésto iba a ser un pequeño texto sobre la mañana de hace dos días. Iba a hablar de como me gustó escuchar el sonido de las gotas disolverse en el suelo caliente, el placer que sentí al oler un viento cargado de agua y de cómo lo dejé juguetear un poco con mi pelo. De la luz azul, calmada, sosegada, que como una elegante dama entraba en mi casa sin ninguna estridencia, casi, casi, como en un susurro. Este texto iba a hablar sobre mi primer día de otoño. Mi otoño del mes de agosto. Pero llegué tarde. Y la mañana de hoy tiene tanto que contar, que prefiero contar la anterior. La de hoy, si me lo permitís, me la guardo para mí.

me aburro mucho...

Me aburro....

Traque.

Traque. Él miraba por la ventana del tren. Observaba el paisaje, el reflejo en el cristal de los asientos que había a su lado, y el paisaje opuesto que se colaba en su propia ventana como en un juego de espejos. Pensaba que la ventana de un tren es una puerta a un mundo mágico. Es como una pequeña puerta a través de la cual puedes ver un hermoso jardín, pero esta vez no hay llave que la abra, ni frasco que nos haga enconger para colarnos a través de la cerradura. Si el tren se parara, le encantaría salir. Pisar aquella tierra que veía desde su asiento, pues seguro que no se podía acceder a ella de ningún otro modo, solo así, parando el tren. Se tumbaría entre el maíz y miraría al cielo.

Yo leía arrullada por el traqueteo. Y cuando levanté la cabeza y lo miré, lo imaginé pensando todas esas cosas. Pueden ser ciertas o no.

Preguntas y Respuestas.

Preguntas y Respuestas. Cuando el camarero me pregunte "¿Qué quieres?" le diré "Una ración de besos y otra de abrazos". En el mercado, al "¿Qué desea?" del tendero le contaré que mi deseo es poder pasear tranquila por una ciudad pequeña con viejas tahonas, espejos, bodegones y grillos. En la tienda, a la amable señorita que me pregunte "¿Te puedo ayudar en algo?" le diré que sí, me puede ayudar ocn el exámen de sintaxis que es realmente dificil. En el fondo, todo el mundo está dispuesto a echar una mano. Sólo hay que saber leer entre líneas.

COLOFÓN

COLOFÓN Después de comprender que el vivir en una mentira lo único que nos ha de producir es risa, decidimos que era obligatorio erigir un monumento a la figura del Butanero. Sí Señoryseñora.

Conclusión: Delante de una cerveza, la vida es mucho más fácil.

El despertar.

El despertar. Los rayos del sol comienzan a colarse por mi ventana, sin ningún permiso y sin llamar. Me giro y aprieto los ojos. Las voces de los niños que han salido a aprovechar la mañana, ahora que no tienen que estar encerrados en un aula. Me giro de nuevo y entierro la cabeza bajo la almohada. Saludos mañaneros con olor a verduras, huevos y pan. Me encojo entre las sábanas, me repliego, me hago una bola, quiero volverme pequeña y desaparecer entre las fibras del colchón. Y cuando lo estaba consiguiendo ha llegado a mis oidos una melodía. El sonido era agridulce, igual de agridulce que las canciones de los segadores. Invitaba a estirar las piernas, separar los brazos, revolverte el pelo y abrir lentamente los ojos. Vislumbrar la habitación bañada por el comienzo de un nuevo día, y poder observar por la ventana un cielo cubierto de antenas y tejas. Y reconozco sonidos pero no melodías. Un timbre musical que llevaba años sin escuchar y que siempre me ha producido la sensación de estar en calma, segura y agusto. Aunque la melodía no sea la misma y ésta parezca más elaborada. Repaso mentalmente todos mis utensilios punzantes, cuchillos y tijeras, y los sueño despierta despidiendo pequeños puntos de luz. Porque la melodía que escuchaba, era la melodía del afilador, que regresó a mis oídos después de mucho tiempo, como un viejo amigo que vuelve con fuerzas renovadas. Ha sido un bonito despertar.

Vacío.

Vacío. - Me siento sola
- Estás sola.
- ¿Estoy sola?
- Sí,lo estás.
- Pero hay gente.
- ¿dónde?
- Los oigo. Los oigo ahí fuera.
- Pero no están contigo. Sigues sola.
- y tú ¿por qué no te vas y me dejas en paz?
- Te quedarías más sola.
- Es verdad. No te vayas. Quédate conmigo.
- Ya lo hago. Siempre lo hago. Siempre estoy contigo.
- Si te fueras, quizá viniera alguien.
- Si me fuera, tú también te irías.
- Lo sé.
- No lo digas. Se lo que vas a decir.
- ¿Ah sí?
- Me vas a decir que me quede a tu lado.
- Sí.
- Y que no diga nada.
- Sí.
- Como si no estuviera.
- Sí, como si no estuviéramos.

Sin pies.

Sin pies. Si me diera la vuelta sobre mí misma, me daría cuenta que todos esos vértices que admiro se vuelven redondos.Y yo me volvería esférica. Y entonces comenzaría a rodar y rodar y rodar. Rodaría desde Madrid a Corfú, y desde allí a San Francisco. Y un día, me daría cuenta de que estoy rodando por un desierto del que ya no reconozco el sabor de la arena que me llena la boca.

Tortilla de patatas y gazpacho

Tortilla de patatas y gazpacho Ese era el menú para cenar con mi amiga, cuando ella saliera de trabajar, es decír, muy tarde. Y no se si será por eso de que cenar gazpacho no es demasiado bueno, o porque irremediablemente mis amigos me siguen sorrpendiendo cada día más, pero he seguido el consejo de mi invitada de "esto lo tienes que escribir en tu blog".

No ha sido nada especial. Ella comía parsimoniosamente tortilla con tomate frito, mientras yo giraba y giraba un pasapurés colocado en el sitido donde debería estar mi plato, porque "el gazpacho con tropezones no me gusta". Así que lo he colado todo de nuevo y mi brazo derecho ahora parece el de Heman, pero ella no ha probado el gazpacho, con tropezones o sin ellos.

Aparte de eso, la noche se ha completado con la recomendación de pedir, como garantía de una apuesta, espermatozoides congelados (no pienso explicar eso en profundidad, así que podéis dejar de leer aquí si queréis), un leve atrangantamiento con agua, y una comprobación a las dos de la mañana del eco que se crea con los edificios de enfrente, utilizando para ello, sonidos estomacales poco ortodoxos....

Lo mejor de todo, es que éste no ha sido un caso excepcional. Las cenas con mis amigos suelen ser así. Y que duren muchos años.

twinkle twinkle little star...

twinkle twinkle little star... Alguien una vez me regaló una estrella.
Tendidos boca arriba, yo sobrecogida ante tal inmensidad, él disfrutando serenamente, con esa tranquilidad que a veces le envidiaba. "mira cuántas estrellas. Elige una", me dijo. Alargué la mano como hacen los niños cuando, fascinados, se les invita a elegir un artículo en una tómbola de una feria. "esa" dije en voz alta, señalando al infinito y clavando mi mirada en un puntito brillante, pequeñito, que brincaba como un infante el día de su cumpleaños entre sus hermanos mayores. "Pues te la regalo. Esa estrella es para tí". No recuerdo cuál es. Ni siquiera sabría encontrarla. Incluso puede que esa misma estrella haya sido regalada millones de veces a otras personas, en otros lugares...Pero una vez me perteneció y fue sólo mía.

I'M WAITING FOR THE NIGHT...

I'M WAITING FOR THE NIGHT... I'm waiting for your comments...And you are the only one from there...Please, let me "see" your voice.

Un momento.

Un momento. ¿Sabes lo bonito de estos momentos? Que enseguida se olvidan. Y cuando vuelves a vivir alguno parecido, Vuelven todos en torrente a la memoria y nos llenan los ojos, las orejas y las narices. Vivir un instante como éste, es volver a vivir todos los instantes, pero no iguales, porque ya han cambiado, ahora hay que añadir uno más. Eso es lo que ocurre con los amaneceres. Cuando ves como el sol despunta, estás viendo despuntar todos los soles que te han sorprendido despierta a lo largo de tu vida. Por eso son tan intensos estos momentos. No lo olvides. O mejor, olvídalo y recuérdalo cuando sea oportuno.

Shhhhhh.....

Shhhhhh..... Todo daba vueltas. Palabras y frases de desánimo, miedos que se hacían con voz propia y no dudaban en estrenar este nuevo don lanzándolo al aire. Pesadas cargas a la espalda, autoimpuestas, exoimpuestas, macroimpuestas, microimpuestas....El grifo llena de agua caliente la bañera, que aunque estrecha, se presenta como una agradable salvación. El aparato de música lanza acordes que se funden con la nube de vapor del cuarto de baño, y la voz de una mujer acaricia suavemente un cuerpo medio sumergido en el agua. Olores de jabones que no eran olidos desde que era una niña invitan a cerrar los ojos. Solo se escucha la música y el sonido agradable que produce el agua cuando un cuerpo se mueve con cuidado dentro de ella. Un frasco resbala y se sumerge, pero lo hace suavemente, sin estruendo, con el tono de una sola gota flotando en el ambiente, animando a ser recordado. Es hora de aclararse el jabón y envolverse en un albornoz. Ahora, si nada falla, en el espejo debería aparecer el reflejo de una Gilda sonriente que comenzará a cepillarse una sedosa melena pelirroja. No es así. Y lo mejor, es que no me importa.

Fiebre del Sábado (santo) Noche (mis años mozos II)

Fiebre del Sábado (santo) Noche (mis años mozos II) La discoteca de verano, gozaba de una pista de baile que contaba con un palco intentando imitar el estilo griego y cinco escalones enormes, enyesados y pintados, que hacían las veces de tarima para bailar. Las 17 primaveras de mi amiga estaban en todo su esplendor y lo demostraban a toda la concurrencia masculina que por allí caminase. Mis 17 años pasaban más desapercibidos, y solo llamaban la atención a la concurrencia femenina que criticaba mis extrañas ropas y las trenzas de mi pelo.

Como tantas noches, mi compañía habitual desapareció por la puerta de la mano de un chico buen parecido, y yo me quedé con un grupo de personas que fueron desapareciendo poco a poco. Para cuando esto ocurrió, yo me encontraba charlando con dos chicos a los que conocía vagamente, de haberlos visto anteriormente en algún sitio, pero sin saber especificar cuál.

Animada por la música pachanguera que reventaba mis oidos, me subí en el primer escalón y comencé a bailar. (Creo que en ese momento conseguí reunir sobre mi persona, más miradas femeninas de las pueda reunir en toda mi vida junta). Uno de mis dos consortes, un chico moreno de complexión fuerte, se animó y se subió conmigo a bailar. Lo hacía realmente bien y animó a su compañero a que hiciera lo mismo. Acabamos subidos en el tercer escalón (cosa que rozaba los límites de la imprudencia en un pueblo como aquel) y convenciendo al pincha discos para que cambiara de música.

Conseguí persuadir al chico moreno para que todos las copas a las que pretendía invitarme se convirtieran en cervezas, y así logré mantenerme en pie. Cada cierto tiempo, mi pareja de baile miraba el reloj y me gritaba al oído "¡Y a las cinco al campo!". Voy a explicar esto de ir "al campo" para los que sean muy urbanitos. Para las gentes del mal llamado "mi pueblo", alrededores y supongo en cualquier entorno rural, ir "al campo" no supone ir a pasar el día de picnic a las afueras de la ciudad. Supone marchar a un terreno ocupado con vides, olivas o cereal, y trabajar allí podando, cavando, regando o arando hasta más o menos las dos de la tarde. Cuando me decía ésto, yo miraba sorrpendida el reloj "te quedan dos horas" le decía, a lo que él sacudía la cabezay contestaba "¡ya no duermo!". Cuando dieron las cinco, le miré angustiada y me vociferó "¡A las cinco ya no llego, tendrán que ser las seis!".

A las cinco y media, amablemente me acompañaron a casa y marcharon a cambiarse de ropa para comenzar una molesta jornada de trabajo en domingo, que asumían sin ninguna pesadumbre por su parte.

El domingo, durante la hora del café, la amiga que me abandonó, me contó sus venturas y desventuras con su pareja nocturna y luego me dijo "Bueno....¿y tú qué?, sabrás que todo el pueblo está hablando de tí hoy", a lo que yo sorprendida respondí "Anda y ¿por qué?, si solo estuve bailando un rato, ni que nunca me hubieran visto subida a los escalones pegando brincos..." "hombre, ya", replicó mi amiga "Si por tí no era, pero nunca habían visto a los dos seminaristas tan animados...Sabías que los dos toman los hábitos este verano ¿verdad?"

Entonces recordé de que me sonaban las caras de mis dos bailarines del sábado noche. Los había visto caminar detrás de la procesión, vestidos de monaguillo, mirando con pasión un cristo agonizante mientras sujetaban una vela.

Escapadas nocturnas (mis años mozos I)

Escapadas nocturnas (mis años mozos I) La noche se planteaba bien. Solas en casa de una amiga, 16 desbordantes años de "quiero-saber-de-todo-y-como-ya-soy-muy-mayor-puedo-hacer-lo-que-me-de-la-gana" (eso sí,quenoseenterenmispadres), la feria del pueblo de al lado (famosas en toda la comunidad), y un mueble bar repletito.

La anfitriona de la casa, llegó una hora y media tarde, con el otro 25 por ciento de la congregación en un estado semejante al de un Hooligan en Mallorca. Se disculpó amablemente, entre los gritos de "¡miraaaaaaaaaaa me he potado toda la bota nueva!" de su acompañante.

Voy a ahorrarme los preliminares, ya los contaré en otro momento. A mitad de la noche, alguien propuso escuchar una psicofonía. Y yo, que había aguantado el tirón del chupito de Jack Daniels con cara de "tomo whisky todos los días para desayunar", empalidecí. Despues de asegurarme una y mil veces que aquello no daba miedo (Es una chorrada estúpida, se sabe que todo fue un monataje, trae la fregona que he vuelto a vomitar), nos encerramos en el dormitorio, nos sentamos en la cama y alguien le dió al botón de play. Lo siguiente que recuerdo es que tenía la cabeza debajo de la almohada, y cantaba a voz en grito "B-I-N-G-O que se llamaba Biiiiingoooooooo". Cuando mis amigas consiguieron tranquilizarme, volvimos a salir al salón. Entonces escuchamos un estruendo en el portal. Sonó como si una bombona de butano hubiera caido rodando por las escaleras.

El 75 por cierto de la reunión amistosa iba bastante afectada por nuestro amigo Jack y su compañera María, así la peregrinación a la puerta para mirar por la mirilla, fue un tanto esperpéntica. Allí, la dueña de la casa pegó la nariz a la puerta y luego la ví marchar a la cocina farfullando algo así como "jodido yonki, cagonsumadre, verastúahora" Y cuando reapareció llevaba un cuchillo carnicero en la mano.

Y entonces cundió el pánico. Yo me refugié detrás de la pared del pasillo y solo podía decir "Suelta el cuchillo, por favor, antes de nada suelta el cuchillo". Amiga número dos dando tumbos marcha a la cocina y viene armada con el cuchillo del pan "y las tijeras del pejcao porque no había otra cosa". Amiga número tres, mirando la puerta divertida y habiendo abandonado sus botas en la cocina, se lanza contra la puerta a la voz de "hooooola yonki, ¿Cómo estás?". Rugido de amiga número uno "¡A ese joputa lo rajo!", cling-clong-clang de tijeras de "pejcao" y cuchillo del pan de amiga número dos que se queda paralizada, y mi persona lanzada en plan supermán contra la puerta, justo a tiempo para cerrarla y atrancar con dos cerrojos y la cadena.

Después de este ataque de pánico, observamos mejor, y descubrimos que el supuesto yonki era una anciana vecina, que estaba limpiando la escalera (a las cuatro y media de la mañana) con un trapo y con los pies. Mi teoría de que su hijo había llegado completamente colocado, y la señora enfadada y en un arranque, le había arreado con la bombona de butano, se lo había cargado y ahora limpiaba la sangre, no hizo nada de gracia, pero yo, una vez guardados cuchillos y objetos punzantes, tenía ganas de juerga. Observé la cara de mi amiga número uno, estaba seria y pensativa de pronto, se levantó y poniendo su cara a dos centímetros de la mía me gritó "¡PERO NO TE DAS CUENTA QUE SI SE LLEGA A ABRIR LA PUERTA, TAL Y COMO ESTABA YO, RAJO A LA VIEJA DE ARRIBA ABAJO!". Entonces empalidecí y me callé, pero ella añadió "IMAGINATE SI MI PADRE SE ENTERA DE QUE NOS HEMOS FUMADO SU MARIHUANA!"

I left my umbrella at home

I left my umbrella at home Un día dijo basta, y decidió olvidar.
Primero de todo olvidó los malos ratos. Aquellos minutos interminables en los que la angustia se apoderaba de ella y la habitación se hacía demasiado grande y ella demasiado pequeña. Luego olvidó las regañinas y los enfados. Los gritos, las palabras más altas que otras, los insultos arrojados a la cara como un jarro de agua fría o lanzados por la espalda, calientes como un hierro al rojo. Más tarde se deshizo de las bofetadas, de los momentos tristes, de las decepciones y desilusiones todo de una vez. Pero no tenía bastante, así que decidió olvidar también los momentos de dolor físico. Y como aún le parecia poco, de un plumazo olvidó las lágrimas y los nervios que se agarrotaban en el estómago y en la voz. Frenética comenzó a olvidarse también de la desorientación, las frases de ánimo y también de las de compasión. Le siguieron las confesiones y las carcajadas, pero luego se animó y también desterro las risas y las sonrisas. Las bajadas de ojos, las caricias, los abrazos, los saludos y las despedidas. Se olvidó de los amaneceres, de los atardeceres y de los crepúsculos. De las canciones y de los gritos, de los susurros, de los gemidos. Al final se olvidó también de los secretos inconfesables y de los inconfesados. Y cuando se olvidó de los besos robados, nunca más se volvió a levantar.

Anhelos.

Anhelos. En mi imaginación es otoño.
Es otoño y yo llevo un abrigo marrón de paño, bufanda y guantes. Camino por la calle llena de hojas secas, de una ciudad bonita, silenciosa, y llena de gente que pasea sin importarle el viento que comienza a soplar. Llamo a una puerta y me recibe una sonrisa. Y en una habitación casi sin iluminar, nos apiñamos un grupo de personas, que fumamos, charlamos, reímos y escuchamos la música procedente de un aparato entorno al cual todos estamos sentados. De vez en cuando, nos callamos y el silencio se llena solamente con acordes. Algunos cerramos los ojos, otros miran por la ventana. Si alguien saca un libro, se abre por cualquier página y se leen las palabras, y quedan suspendidas entre nosotros y las notas arrancadas de una guitarra, o de un piano, o de un tambor. Cuando hace frío, nos arropamos unos a otros, con mantas y abrazos. Y cuando la botella, llena de un licor que embriaga pero no emborracha, se acaba, Regresamos paseando, escuchando nuestras pisadas en las aceras húmedas por la leve lluvia que ha caído.
Pero sólo en mi imaginación.

Bombones en agosto.

Bombones en agosto. Mis horrorizados ojos contemplan una enorme figura de chocolate a imagen y semejanza de Elton John. (Por favor, ¿no habíamos quedado en que los contenidos obscenos y de mal gusto se dejarían para fuera del horario infantil?). Mi ascendente masculino directo, que se encontraba en un estado de semi-inconsciencia siestil, despierta de pronto y comienza a contarme una batallita. Normalmente es la parte femenina de la casa la que narra aventuras y desventuras, mientras la parte masculina ameniza la velada con ronquidos, así que muy interesada me he propuesto escucharle.

El pueblo de mi ascendencia masculina directa, es pequeñito, medio despoblado, y sólo lo he visitado cuatro veces. En una ocasión, se obsequió a la iglesia con un cristo tallado en chocolate, con motivo de la celebración de la virgen de agosto. Esta novedad, animó a la totalidad de los habitantes, y muy felices, pidieron por votación popular que se bendijera al místico bombón durante la misa del día de la gran fiesta. El cura accedió complacido y colocó a Jesus-sweet-Christ en una capilla de la pequeña ermita.

El día 15 de agosto, los feligreses y feligresas lucían sus mejores galas, los niños habían sido peinados con raya en medio y las niñas enseñaban orgullosas sus calcetines calados, cuajados de lacitos y encajes. Después de la misa tradicional, el curo se giró y le pidió al sacristan que le acercará el cristo de chocolate y el agua bendita para proceder a su bendición. Cuando el sacristán se acercó a la capilla, la figura había sucumbido a los calores de agosto en tierras manchegas, y ocupaba su lugar una masa informe de color marrón. Sin saber que hacer, y temiéndo que la ira del cura recayera sobre su persona, el sacristán se giró y en un tono de voz lo suficientemente alto para probar su inocencia dijo:

"Señor Cura, el cristo se ha cagao y se ha ido".