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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Flequillo

Flequillo

La peluquería tenía una técnica infalible para ahuyentar a aquellos posibles clientes que no fueran lo suficientemente cool: Una banda sonora permanente de musica house a un volumen que rozaba lo insportable, aunque no lo suficientemente alto como para no permitirte oír las preguntas sobre el color de tus mechas.

Sentada en uno de los sillones de diseño, una chica miraba su imagen reflejada en el espejo mientras un hombre jóven cortaba diminutos mechones de su pelo negro-recién teñido-. El corte de pelo se estaba realizando a imagen y semejanza de una de las peluqueras que, de tanto en tanto, era requerida para posar como modelo y matizar sobre los detalles de la ejecución. La chica del sillón era jóven, con los ojos despiertos y los labios grandes. Su nuca, ahora al descubierto, mostraba tres lunares alineados casi hasta el lóbulo de la oreja. Iba acompañada de dos niñas pequeñas, de unos 6 y cuatro años, que le decían mamá y miraban asombradas la transformación que se estaba produciendo ante sus ojos. Su madre estaba encantada y entusiasmada, y según comentaba, el volver a llevar un flequillo lacio y espeso sobre la frente le hacía sentirse mejor. Cruzaba y descruzaba las largas piernas, acariciando el peluche de sus botas.

Una de las niñas pidió parecerse a mamá, así que, casi al instante, la sentaron en un sillón al lado de su madre y comenzaron a dibujarle un flequillo a golpe de tijeras. Su hermana, más pequeña y con dos coletas que se retorcían sobre sí mismas en un gracioso bucle, torció el gesto. Dos grandes lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, brillantes como el reflejo de las tijeras. Entre todos los que allí se encontraban, consiguieron convencerla de que a ella el flequillo de mamá no le sentaría nada bien, y le prometieron que otro día ella sería la protagonista absoluta y podría decidir que corte de pelo quería.

Cuando el pelo estuvo listo, peinado, secado, abrillantado y fijado, la chica miró a sus hijas que seguían boquiabiertas y les dijo muy sonriente:

- ¿Está guapa mamá?- Las niñas asintieron con la cabeza- A ver si así nos sale un novio ¿verdad chicas?

Y la niña mayor, ajustándose sus gafas sobre la nariz, contestó:

- Sí mamá, y un trabajo.

 

7 comentarios

la sombri -

Jajajaja, gracias, gracias, yo siempre había pensado que ir a la peluquería no tenía ningún interés, pero mira tú por donde... Por cierto, volví a ver a aquel trío tan entrañable, sacando dinero de un cajero automático. Se organizaban bien con el carrito de la compra, las bolsas del pan, el bolso (de peluche, como las botas que no llevaba) las muñecas, el carrito de las muñecas....

Speechless Penguin -

Brutal.

La leche que te dieron.

Standing ovation.

la sombri -

¿Yo pelo bonito? Un sufrimiento continuo. Por eso lo he llevado tantísimos años tan corto, veranos felices de ducha y gomina.

Pita, que bueno verte por aquí. ¿Has visto el poder que tiene un flequillo? La verdad es que los infravaloramos mogollón.

mamíasmías -

.
juas!

y un piso

y unas vacaciones

y...

:

Tamaruca -

¡JAJAJAJAJA!

Por favor, qué genialidad tan absoluta, me encanta.

Besazos, preciosa. Tú sí que tienes un pelo bonito.

Anuski -

Por cierto, ¿te he dicho que odio a Emily Dickinson? :p

Anuski -

He de reconocer que me esperaba otro final, no sé cómo, simplemente otro final.

Me ha impactado!!!

Besos!!!