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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Se paró en seco delante del banco y lo miró con atención. Como en un acto reflejo se giró y le dió la espalda. Se sentó lentamente sobre un crujir de maderas y clavos ancianos, expertos en protegerse del mundo con una capa anaranjada de óxido y polución.

Se sentó allí y esperó. No sabía qué, pero sentía un impulso irrefrenable de esperar. Los ojos de par en par, la boca entreabierta, la respiraciión entrecortada, de vez en cuando un vuelco del estómago le hacía removerse por dentro y por fuera.

Después de un largo rato, se percató del resto de las personas que había a su alrededor, también ocupando un asiento, también absorbiendo con ansia todo lo que sus sentidos podían atrapar. A veces sus ojos chocaban con los ojos de algún otro, pero ni el uno ni el otro se miraban. Nisiquiera se veían.

Todos estaban esperando.
Y ninguno sabía el qué.

Pasó un tiempo indefinido en el que ninguno pudo recordar días o noches, y tampoco espacios.

Se acostumbraron a no ver, a no observar, a no mirar. Se acostumbraron a no escuchar ni oír. Se amoldaron a un estado de procesión ante sus vidas, en las que procesar la información se reducía a descartar aquello que no era motivo de su aguardo.

Llegó un tiempo (indefinido, impreciso, indistinto, indiferente) en el que se dieron cuenta de lo inútil de su vigilancia. Se irguieron desperezándo sus extremidades y almas entumecidas, y como en un despertar un domingo de invierno, marcharon en silenciosa columna.

Pero algunos, aquellos que vigilaron con más ahínco, se quedaron inmóviles, ambos pies apoyados en el suelo, la mirada perdida. Se habían acostumbrado a esperar y ya no sabían hacer otra cosa.

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6 comentarios

Freakbeast -

Hola sombrilla.
Herido y maltrecho, he vuelto al calor de la prosa y el verso.
Disculpa la ausencia, pues no fue intencionada.
Ahora, mis palabras mas hondas, se refugian en este nuevo rincón:
http://guz.blografias.com/blog

Espero ansioso tu visita, como la espero de tantos que lo hicieron en el otro cuarto, que aún sigue abierto, pero dedicado a cosas mas prosaicas.

Deyector -

Por un momento me ha recordado a Humbert Humbert, pero creo que no iba por ahí ¿o están todos en el parque esperando nínfulas?

Tony -

Hay quien dice que es un viejo instinto, algo en los genes, que nos hace vigilar al resto de especímenes para descartar posibles amenazas para la tribu.

Yo creo que, en el fondo, sabemos que algo se nos escapa.

Y miramos, miramos, miramos.
Pero no lo vemos.
Todavía.

Periko -

Esta misma puta sensación he tenido muchas veces en el metro.

la sombrilla insolada -

Pues...no. No tengo pasaporte.
Ahora que me lo dices, me acaba de entrar una sensación de ahogo enorme...Estoy encerrada sin poder salir!!!

nadie -

Ya se... has tenido que renovar tu pasaporte, o algo así... ¿verdad?
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