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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Una sensación parecida.

Una sensación parecida.

"¡Dí Pamplona, corre, dí Pamplona!" "¡Pamplona!", y los trocitos de rosquilla caían en delicada lluvia silenciosa por toda la cocina. "¡Ahora dí Parapente!" Y las carcajadas se desgranaban, alegres, cantarinas y se pegaban a las paredes y a mis oídos. Risas inocentes que ascendían a lo largo de la garganta y se escapaban a través de la boca sin perjudicar, saliendo disparadas para estallar, como lo hacen los fuegos artificiales, y quedarse grabadas para siempre en el recuerdo. Y avanzaban por el pasillo, por el suelo, se hacían más más vivas, chorreaban por el patio interior, iluminando sus paredes ennegrecidas con el brillo de la despreocupación y un sentiiento compartido. Cuatro voces que danzaban juntas, saltimbanquis, nerviosas, queriendo ser, juntas, de la mano.

Y me parece casi imposible que algo que rezuma tanta felicidad, pueda ser recordado con tristeza.

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1 comentario

Deyector -

Conozco la sensación, porque también reí mucho con quien más daño me hizo (antes y después de las risas), y era quien nunca debería haberme hecho daño
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