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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Dentro

Siento la llave en el bolsillo. Pesada, grande, fría. Por un momento dejo que la mirada se vuelva vacía y no veo nada, ni tampoco escucho. Luego sigo al portero, que camina delante de mí, con pasos rápidos y seguros. Sonríe y no sé por qué, pero puedo ver su sonrisa incluso a través de su cogote.

Se vuelve hacia mí y me hace un gesto con la mano que podría abarcar todo el espacio que nos rodea. “¿Ha visto?” me dice sin dejar de sonreír “Tiene que tener cuidado con no confundirse nunca de escalera, o le será realmente difícil poder llegar de nuevo a su puerta”. Yo miro mi puerta, grande, pesada, marrón. Y miro a mi alrededor. Escaleras unidas por pasarelas, puentes, más anchos y más estrechos. Gente paseando por encima de ellos, niños corriendo y riendo, empujando sus triciclos sin miedo a caer por debajo de la barandilla. Todo es blanco y azul, la luz no hace sombras en ningún rincón. No hay rincones. “Además no hay suelo” y ahora su sonrisa envuelve toda su cara. Es una sonrisa, y yo me angustio buscando sus ojos que no encuentro por ningún sitio. “En realidad sí hay, pero muy abajo” espera a que mire hacia el abismo, pero no lo hago “Tenga cuidado” repite “Si alguna vez llega al suelo, no podrá volver a subir” Miro aquellos puentes que se extienden hasta el infinito por encima de mi cabeza y bajo mis pies. En busca de ventanas. No hay. Todo es silencio. Los pasos no suenan y las puertas no dejan un eco casi perpetuo cuando se cierran.

Y de repente ocurre. No sé donde he dejado mi puerta y mi llave parece ser más pequeña que antes. Por más que busco, solo veo espirales de escalones y baldosas blancas, ángulos rectos, cristal y metal. Me he perdido aquí dentro.

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4 comentarios

noemi -

Felicidadaes! Has llegado al caracol del universo!!!

Deyector -

Propondría que busques una galleta o un frasquito ad-hoc que te haga crecer/volver

txe -

que encuentre usted el camino

saludos

guillermo -

Por un momento he pensado en los pueblos sobre los árboles de los Ewoks, pero ellos no tenían puertas y todo era de madera.

Pues nada coge un folio, un boligrafo y echale paciencia. Y si no acuerdate de Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, ellos consiguieron salir del laberinto
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