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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Traque.

Traque. Él miraba por la ventana del tren. Observaba el paisaje, el reflejo en el cristal de los asientos que había a su lado, y el paisaje opuesto que se colaba en su propia ventana como en un juego de espejos. Pensaba que la ventana de un tren es una puerta a un mundo mágico. Es como una pequeña puerta a través de la cual puedes ver un hermoso jardín, pero esta vez no hay llave que la abra, ni frasco que nos haga enconger para colarnos a través de la cerradura. Si el tren se parara, le encantaría salir. Pisar aquella tierra que veía desde su asiento, pues seguro que no se podía acceder a ella de ningún otro modo, solo así, parando el tren. Se tumbaría entre el maíz y miraría al cielo.

Yo leía arrullada por el traqueteo. Y cuando levanté la cabeza y lo miré, lo imaginé pensando todas esas cosas. Pueden ser ciertas o no.
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3 comentarios

el comeorejas -

Sombrilla, luego dices que nadie te lee...creo que hoy se ha demostrado que nadie te lee y además te comenta.

ella/lei -

Qué bonito. A mí me encanta viajar en tren, y aunque repito una y otra vez el mismo trayecto cada día para ir a trabajar desde hace casi 8 años, en vacaciones, a veces, también voy en tren. Quizás es el componente romántico de la historia, que tan bien has sabido describir.

nadie -

SON ciertas.
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