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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Le gustaba inventar nuevos lenguajes.

            Le gustaba inventar nuevos lenguajes porque a veces se cansaba de los que ya conocía. Tan ajados y deshilachados, a menudo perdían la esencia de lo que querían decir, y como habían sido tan usados, llevaban una información añadida, una suciedad adquirida al igual que las monedas que pasan de mano en mano en un mercado.

 

            Su favorito para los recuerdos era el lenguaje de los olores. Si a un grupo de fonemas se le podía asignar una idea, ella se deleitaba en asignarle recuerdos a los aromas con los que de repente se topaba.

 

            Así, la antigua casa de sus tíos paternos era el olor del queso curado y los productos de  matanza en la cocina, mezclado con el azúcar que se despegaba de la pegajosa capa de miel y aceite de aquellos dulces que le ofrecían sonriendo. De su tía materna en el pueblo manchego, el olor al humo de la estufa pegado en las cortinas, en el barniz de las sillas y en las faldillas de la mesa. La familia de la capital, era olor a cerrado, a afinación, a rancio y tubería vieja. Si pensaba en Zaragoza, eran los efluvios de cera para el suelo de madera y ambientadores de fresa los que la recibían y para Huesca quedaba reservada la humedad que desprendía el yeso, los churros por la mañana, el maíz seco del almacén o el aroma de las medias noches en el armario de la despensa.

 

            Éste último llegaba a ella acompañado de un sonido, el de la puerta al abrirse y cerrarse furtivamente durante las largas noches de verano, las risas infantiles y los susurros ahogados sobre pies descalzos. Y así es como se sentía en el súpermercado, con los inocentes bollos intentando proporcionarle recuerdos a través del plástico de la bolsa crujiendo entre sus manos.

 

            Y decidió hacer más rico su lenguaje. Y se puso a repasar los sonidos que podía asignarle a cada olor recordado.

        

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14 comentarios

Yoko -

Yo sé que tú más bien te sientes un númelo 8 (erupto), númelo 8 (erupto)...Sinestésico te quiele dividil, no lo pelmitas!

la sombrilla insolada -

¡Ostras! soy un cuatro???

Sinestésico perdido -

A mi me pasa lo mismo, pero con las personas. Por ejemplo sombrilla, para mi, siempre será el número 4.

O.C.P. -

Vuelvo a intentarlo. reve, eso que mencionas se llama sinestesia. Aquí puedes leer de que se trata:
http://es.wikipedia.org/wiki/Sinestesia



O.C.P. -

reve

nadie -

Lo siento, Sombrilla guapa. Te he puesto deberes en mi página.

reve -

sabes algo que me ha pasado desde pequeña? cada número es de un color. Siempre. Están íntimamente relacionados. El cinco con el azul, el tres con el rojo, o el cuatro con el verde. Para mí casi significan lo mismo.

la sombrilla insolada -

Tus comentarios siempre son bien recibidos por aquí. Y además me alegra muchísimo que dejes unas palabras en este blog!

ella/lei -

Bueno, no tengo mucho que comentar hoy, solo quería saludar, me paso habitualmente por tu blog pero pocas veces dejo comentarios. Y es que, a veces, los comentarios son tan bonitos que yo no sé qué decir...

FreakBeast -

¡He entrado!
o al menso eso espero, no sea que deje mi comentario y se esfume en el ciberespacio, que no sería la primera vez.
En efecto, y po rlo menos en mi caso, lso recuerdos no se componen de frases, sino de sensaciones y no pocas veces me he quedado quieto en un lugar extraño, como hechizado olfateando el ambiente,porque ese era del olor de algo que duerme en mi memoria.
Me alegra haber podido regresar. A ver si dura...

nadie -

Me gusta la idea. Me imagino encontrándome con un viejo amigo y en vez de decirle "¡Hombre! ¿que tal? ¿como te ha ido la vida?" ponernos a olisquearnos un buen rato y después (asociando un sonido con cada olor) tal vez silvariamos o gruñiriamos o tararearíamos juntos una vieja canción de los Clash.

Sr. Papanatas -

Y el príncipe filólogo le dijo a la princesa de sombrilandia:

- ¡Lila!
- No tengo sonidos para su vistoso cumplido. (Respondió ella).

El mundo parecía ahora menos amargo, así de un plumado se habían materializado dos lenguas (porque el príncipe también trabajaba en la suya).
Pero el Sr. Papanatas además quedó asombrado por esta extraña realeza que se preocupaba por los problemas lingüisticos de sus reinos.
Para él, el mundo era doblemente menos amargo.

la sombrilla insolada -

Esa es la idea Deye. ¡Qué ilusión me ha hecho tu comentario!

Deyector -

Luego puede asociar un color a los sonidos, una sensación táctil a los colores, y un sentimiento a cada tacto, estará muy cerca de haber escrito toda una vida sin palabras
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