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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

Hola de nuevo.

Hola de nuevo. Porque hoy me he encontrado de nuevo con ella. La rutina cara a cara. Y a los lados. Y tras de mí.

La rutina hoy olía a lluvia de broma, a goma quemada, a metal, a perfume barato y a sudor. Olía a tierra aplastada y a humo. También a lejía, amoniaco y a libros viejos llenos de polvo.

Hoy me decía al oído algo que sonaba como un pájaro mudo. Un estruendo y un agudo arañadzo. Cambiaba tan rápidamente de idioma como de registro y me era difícil comprenderla. Hoy no ha cantado. Me ha faltado eso.

Lucía un vestido gris que tornaba al negro para luego cambiar al azul y amarillo deslumbrante. Pero como casi siempre, me la he encontrado vestida de largo, mirándo con sorna mis brazos descubiertos y mi piel erizada por sus caricias frías. Su vestido volvió a cambiar al ocre al mismo tiempo que el calor volvía a sus manos.

La rutina hoy sabía a café caliente. Me lo he tomado a su salud, porque al fín y al cabo, encontrarme hoy con ella me ha hecho sentir...
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2 comentarios

nadie -

Evitar la rutina es posible, pero agotador. Tienes que estar siempre doblando esquinas inesperadametne, metiéndote en dirección prohibida, cruzando calles con semáforos en rojo, o simplemente quedarte quieta cuando todos arrancan...
Y esto vale solo por un momento, porque en seguida la muy zorra se acostumbra y tienes que volver a cambiar de táctica.

el comeorejas -

Llegará el día en que la rutina no tendrá porqué cantar para ti, serás tú quien susurre bellas melodías para ella. Para ella y para el resto de rutinarios personajes que te rodeen. Llegado ese día, a la rutina se le habrá escapado de entre las manos otro alma-artista...que echará a volar, irremediablemente para ella, tan alto como pueda. Es ley de vida.
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