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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

El texto de ayer.

El texto de ayer. Ésto iba a ser un pequeño texto sobre la mañana de hace dos días. Iba a hablar de como me gustó escuchar el sonido de las gotas disolverse en el suelo caliente, el placer que sentí al oler un viento cargado de agua y de cómo lo dejé juguetear un poco con mi pelo. De la luz azul, calmada, sosegada, que como una elegante dama entraba en mi casa sin ninguna estridencia, casi, casi, como en un susurro. Este texto iba a hablar sobre mi primer día de otoño. Mi otoño del mes de agosto. Pero llegué tarde. Y la mañana de hoy tiene tanto que contar, que prefiero contar la anterior. La de hoy, si me lo permitís, me la guardo para mí.
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5 comentarios

O. C. P. -

Vivi, Dios creó a la sandia tan grande y jugosa para que fuera compartida. Es más, el Vaticano debería substituir las obleas intragables de la Eucaristía por tajadas de esa vaporosa fruta, reminiscente de la carne y la sangre de Jesús y tan dulce como ambas.

O. C. P. -

Yo jamás he creído que el otoño fuera una estación triste. Para mí significa volver a ver a las personas que se habían ido y noches largas en las que el calor ya no es un enemigo. Aquí sólo ha llovido una vez desde el comienzo de Julio, así que espero que el otoño traiga por fin una abundante lluvia; un agua fría y pesada como un millón de ángeles meando sobre mi cabeza, que me cale aunque me postre en cama.

nadie -

Mmmmm... Un otoño breve pero intenso...

la sombrilla insolada contesta: -

Ay Dios...
¡que paciencia!

VIVI -

pero.... pero.... pero... sera posible!!!!!!
EJJJJJJJJJJKEROSA, LA MAÑANA DE HOY LA HAS PASADO CONMIGO, TAN MALA NO HA PODIDO SER SO AJJJJJJJJJJJJJQUEROSA!!!!!!!!
ALA, AHORA TE QUEDAS SIN SANDIA.
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