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Frustarado. Memorias de un paraguas transilvano.

¡CUIDADO! ¡Es una.....maleta!

¡CUIDADO! ¡Es una.....maleta! Sí, una peligrosa, horrible, malvada y pérfida maleta. O eso parece por como la miran los que caminan a tu alrededor en el metro cuando te ven portando una. En realidad hay dos tendencias (como siempre). La cobarde y la valiente.

La cobarde es de las más típicas. La gente te ve aparecer arrastrando tu "trolley" a duras penas, y espantados se apartan de tu camino mirándolo con horror. Si por un casual se te vuelca a la entrada de las escaleras mecánicas, una horda sobresaltada, pegará un salto hacia atrás extendiéndo los brazos, soltando un leve "ahh" y mirándo detenidamente sus pies para ver si aún tiene los dos, o la maleta los ha devorado durante su movimiento en falso. Al entrar en el vagón, la gente mirará tu maleta con odio reprimido y replegarán sus piernas bajo el asiento. Debe ser de la sabiduría del vulgo, eso de que las maletas se alimentan a base de extremidades inferiores, por eso si es verano, podrás observar como la gente atemorizada, encoge los dedos de sus pies enchancletados.

La tendencia valiente es la más molesta. Si bien, al igual que en la tendencia cobarde, no recibes ayuda, los fieles acérrimos de la valiente, además, (y perdonen la expresión), tocan las pelotas. Están equipados con un gen especial localizador de maletas, bolsos de viaje, mochilas voluminosas o cualquier cosa parecida. Y en cuanto encuentran una víctima comienza su ataque, que se puede llevar a cabo de diferentes formas. Una de ellas consiste en interponerse de cualquier forma entre tu maleta y tu persona. De ese modo conseguirán volverte loca mientras te ganas una hernia de disco al estirar el cuello hasta el límite para mantenerla vigilada. Otra, muy popular últimamente entre la sociedad metril, se produce en el instante de salir. Mientras esperas colocada en la puerta, con la maleta en posición para efectuar una salida limpia y sin incidentes, habrá un codo instigador alojado en tus costillas. Si consigue colocarse bien, sin que te percates tendrás al dueño del codo delante de tí, más cerca de la puerta que tú y posiblemente con sus pies (valientes, solos ante el peligro) justo en mitad del recorrido que las ruedas de tu equipaje han de tomar. Y la técnica más peligrosa y extrema de todas se desarrolla en las escaleras mecánicas y yo la llamo "técnica kamikaze". No sólo no se apartan espantados cuando tambaleante consigues colocar tu maleta en el escalón correspondiente y en un giro rápido, mantenerla pegada en el lado derecho para dejar paso. Sino que se lanzan en picado y se pegan tanto a la pobre, que parecen una simbiosis mutante algo extraña. Así que en el momento de bajar del escalón, has de ser sumamente rápida si no quieres acabar con alguien subido encima de tu maleta a causa del consiguiente tropezón y tú, arrastrando tus narices por el pulcro suelo de la estación.

Así que es esperanzador cuando consigues llegar a tu destino: Una estación de ferrocarril, autobuses de largo recorrido, o aquello que se conoce como el paraiso: El aeropuerto. Allí las maletas corren alegres y felices entre seres como ellas, y sus dueños, sin hostilidad ninguna, las miran con orgullo como hace un padre con sus hijos el primer día de colegio.
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